HISTORIA DE LA EDUCACIÓN EN MÉXICO

Lograr que la educación adquiriera las características que hoy tiene no ha sido producto de la suerte o un hecho mágico. La igualdad, fraternidad, libertad, justicia e independencia, son algunos de los principios rectores de la educación actual; sin embargo, para llegar a esto México y su gente tuvieron que experimentar, acertar y fallar; pero, reflejan un crecimiento que es necesario continuar para ser una nación verdaderamente independiente.

Conocer los antecedentes de la educación mexicana, no sólo permite aquilatar lo que ahora se tiene, sino sobre todo, cómo afrontar los retos que tendrá en el futuro. Hacer una revisión rápida de cuáles han sido los lineamientos educativos que ha tenido el país, permite apreciar los esfuerzos que generaciones anteriores han hecho por mejorarla.

En la época prehispánica, por ejemplo, la educación se impartía según el origen de la población, sexo e incluso por el día en que se naciera. Durante la Colonia, los españoles utilizaron la educación para inculcar su cultura y forma de pensar, incluyendo la religión, para que los indígenas olvidarían pronto sus orígenes y no hubiera más rebeliones que pusieran en peligro su dominio.

En el México independiente la falta de recursos y de un proyecto de nación que satisficiera a todos, ocasionaron que muchos planes educativos no pudieran llevarse a la práctica. De hecho, a lo más que se llegó fue a delegar en las familias la educación de sus hijos en colaboración con las llamadas escuelas de primeras letras, donde la instrucción se reducía a enseñar a leer, escribir, contar y explicar la doctrina cristiana.

Los liberales impulsaron un modelo educativo con el que trataron de eliminar los obstáculos que había para estudiar; asimismo, se establecieron la educación primaria gratuita y obligatoria, y la educación secundaria para mujeres. Pero una de las decisiones más trascendentales fue la separación de la Iglesia y el Estado, cuya consecuencia inmediata fue el establecimiento de la educación laica, es decir, sin ningún credo religioso.

Con respecto a la educación para las mujeres, durante el Porfiriato se limitaba a cuestiones artísticas como aprender piano; en el campo laboral la mano de obra femenina destacaba en áreas como la agricultura, en las industrias extractivas y en el servicio público. La profesión femenina por excelencia era la de maestra, al igual que los servicios domésticos.

Después de la Revolución, la Constitución de 1917 retomó las demandas exigidas por el pueblo, entre las cuales estaba la educación para todos.

En 1921 se dispuso imitar el modelo predicativo de los sacerdotes españoles y se realizaron 77 misiones con 100 maestros rurales, cuyas enseñanzas se centraron en actividades manuales, como el cultivo de la tierra y las pequeñas industrias.

Dos años después, la instrucción básica se complementó con rudimentos de historia y geografía para iniciar la formación de la llamada conciencia nacional, enseñanza de higiene y medicina moderna y auspicio de artesanías locales. No obstante, esta socialización de la enseñanza impidió que la preservación de privilegios formara también parte del proyecto educativo.

La incorporación de la minoría indígena a la nación por medio del sistema escolar nacional, llevó a las autoridades a obligarlos a dejar de usar sus dialectos "en beneficio" del español.