Educación de
los niños
Su buena disposición
y entusiasmo contagian a su hijo. Desde pequeño el niño
debe entender que todos debemos trabajar y cumplir obligaciones. Debe
ser visto como algo natural. No es bueno atosigarles, ni castigarles,
ni amenazarlos. Lo mejor es el estímulo positivo o la recompensa.
Sobre todo en forma de afecto, alabanza o ayuda.
Es bueno fragmentar el trabajo
en metas accesibles para que tenga bien claro lo que debe hacer y como
hacerlo. Esto le hará sentirse capaz de enfrentar el reto y se
esforzará por superarlo. Lo que le permitirá la vivencia
del logro y reforzará su autoestima.
Estimule y aliente a tu
hijo a sentirse orgulloso por el trabajo bien hecho, esto es mejor motivación
que el premio o el castigo y es la base de una cultura de calidad.
Permita que el niño
proponga estrategias para abordar su tarea, esto le hará más
autónomo.
De vez en cuando le agradecerá
que se acerque a él para preguntarle como va y ofrecerle su ayuda,
si la necesita. Cuando son mayores, hay que dejarlos tranquilos y sólo
hacerle preguntas o comentarios cuando haya terminado, para que se den
cuenta que nos interesa lo que hacen y que valoramos su esfuerzo.
Motivar,
no atosigar
Para cualquier labor que
quiera hacer su hijo, el atosigarle es el peor camino para obtenerla.
El triunfo será lograr que él desee lo mismo que usted.
Si es necesario, porque
el niño se niega a abandonar su pereza, sus padres tendran que
mantener una seria conversación con él y explicarle claramente
que el perjudicado por esta actitud es él mismo y que deberá
pasar el verano estudiando porque se autoengaña.
Es inevitable que el chico
vea sus deberes como una pesadez, pero sí podrá entender
que, al igual que su padre ha de ir todos los días a trabajar,
él también debe cumplir con su responsabilidad de escolar
estudiando sus lecciones.
Los ejemplos
Del mismo modo, los padres
han de tener buen cuidado en dar ejemplo ante sus hijos con su propio
trabajo, los hermanos mayores son también en el área del
estudio importantes modelos que los pequeños querrán emular.
Pero no sólo habrán
de dar ejemplo. Los hermanos mayores tienen mucha más facilidad
para entenderse con ellos gracias a la cercanía en edad, pero también
porque sus conocimientos son más frescos, y pueden captar mejor
las dificultades de cada asignatura.
Animándoles a ambos
para que se pidan y ofrezcan ayuda mutuamente repercutirá positivamente
en ellos y en toda la familia.