ORIENTACIÓN DENTRO DE LA FAMILIA

La familia debe ser una...

EDUCADORA DE LA SENSIBILIDAD SOCIAL

Hemos entrado en una época de la historia en la que felizmente y a pesar de las contradicciones, el Evangelio y el mundo parecen coincidir en la proclamación de los valores de solidaridad, fraternidad y servicio.

La toma de conciencia de las injusticias sociales no debe comenzar en el aula del colegio; la familia debe ser la iniciadora de esta conciencia. Si no, expone a sus hijos a que reciban de Marx, Mao u otro ideólogo equivocado lo que debieron recibir del Evangelio de Jesús.

Si el hogar no despierta y favorece una fuerte conciencia social, ‚ ésta nace  de otras fuentes, generalmente contaminadas. Si papá   habla solamente de sus problemas, y mamá  vive preocupada para que los hijos estudien guitarra y aprendan danzas folklóricas y los dos se despreocupan por despertar y desarrollar en sus hijos el sentido social de fraternidad y servicio para con el prójimo, ellos crecer en una atmósfera de Insensibilidad ante los problemas y sufrimientos ajenos.

Y es muy importante que también sea...

EDUCADORA EN LA FE

La fe es, entre otras cosas, comunicación de verdades que fundamentan valores. El mensaje de Cristo incluye una JERARQUIA DE VALORES. A ciertas realidades Jesús las calificó de fundamentales y a otras, de añadidura. La familia, para ser formadora de personas, transmitiendo una escala de valores valida en todos los tiempos y circunstancias, debe ser una COMUNIDAD EVANGELIZADORA.

Para que la fe no se quede a nivel de costumbre y rito, para que no se reduzca a la memorización de algunas fórmulas o a la sola vivencia de emociones, debe impregnar toda la vida del hogar.

Los padres que oran con sus hijos, van los domingos y fiestas junto con sus hijos a la Santa Misa o Celebración de la Palabra, leen, meditan en casa la Biblia, celebran el aniversario del Bautismo de cada uno y el de su matrimonio religioso, recuerdan el aniversario de la muerte de un familiar querido en un clima de esperanza, coméntalos acontecimientos a la luz del Evangelio, celebran un triduo antes del bautismo de un hijo o una novena antes de Navidad..., padres, que viven de este modo su fe, penetran en el pensamiento y el corazón de sus hijos.

El padre que piensa con criterios del Evangelio sobre el dinero, los pobres, los de otra raza, la enfermedad, la Iglesia, el sacerdote, las religiosas, la muerte, el ‚éxito y el fracaso, el papá  que bendice la mesa, visita a los pobres, el padre que no descarga en su esposa la responsabilidad de la educación religiosa de sus hijos, sino que la asume como tarea fundamental e intransferible de su paternidad, engendra comportamientos arraigados en la fe.

Y para terminar nuestro recorrido juntos por este trabajo práctico, vamos a hablar sobre los problemas y virtudes de la familia actual.

LUCES Y SOMBRAS DE LA FAMILIA ACTUAL

La situación en que se halla la familia presenta aspectos positivos y aspectos negativos: signo, los unos, de la salvación de Cristo operante en el mundo; signo, los otros, del rechazo que el hombre opone al amor de Dios.

En efecto, por una parte existe una conciencia más viva de la libertad personal y una mayor atención a la calidad de las relaciones interpersonales en el matrimonio, a la promoción de la dignidad de la mujer, a la procreación responsable, a la educación de los hijos; se tiene además conciencia de la necesidad de desarrollar relaciones entre las familias, en orden a una ayuda recíproca espiritual y material, al conocimiento de la misión eclesial propia de la familia, a su responsabilidad en la construcción de una sociedad más justa.

Por otra parte no faltan, sin embargo, LOS SIGNOS DE LA PREOCUPANTE DEGRADACIÓN DE ALGUNOS VALORES FUNDAMENTALES: una equivocada concepción teórica y práctica de la independencia de los cónyuges entre sí; las graves ambigüedades acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos; las dificultades concretas que con frecuencia experimenta la familia en la transmisión de los valores; el número cada vez mayor de divorcios, la plaga del aborto, el recurso cada vez más frecuente a la esterilización, la instauración de una verdadera y propia mentalidad anticoncepcional.

En la base de estos fenómenos negativos está  muchas veces una corrupción de la idea y de la experiencia de la libertad, concebida no como la capacidad de realizar la verdad del proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia, sino como una fuerza autónoma de autoafirmación, no raramente contra los demás, en orden al propio bienestar egoísta.

Merece también nuestra atención el hecho de que en los países del llamado Tercer Mundo a las familias les faltan muchas veces bien sea los medios fundamentales para la supervivencia como son el alimento, el trabajo, la vivienda, las medicinas, bien sea las libertades más elementales. En cambio, en los países más ricos, el excesivo bienestar y la mentalidad consumista, paradójicamente unida a una cierta angustia e incertidumbre ante el futuro, quitan a los esposos la generosidad y la valentía para suscitar nuevas vidas humanas; y así la vida en muchas ocasiones no se ve ya como una bendición, sino como un peligro del que hay que defenderse.

La situación histórica en que vive la familia se presenta pues como un conjunto de luces y sombras.

Esto revela que la historia no es simplemente un progreso necesario hacia lo mejor, sino más bien un acontecimiento de libertad, más aún, un combate entre libertades que se oponen entre sí, es decir, según la conocida expresión de san Agustín, un conflicto entre dos amores: el amor de Dios llevado hasta el desprecio de sí, y el amor de sí mismo llevado hasta el desprecio de Dios.