Las ciencias funcionales son las que asumen con plenitud el carácter
móvil de lo natural; es decir su carácter dinámico.
Tomando el movimiento como vehículo interpretativo, cada ciencia
funcional asume que estudia una afección distinta o tipo de movimiento
presenta en la naturaleza. A veces también se habla de comportamiento
o de acción, pero siempre en el sentido de denotar movilidad.
Entonces se dice todas las ciencias estudian comportamiento (Kantor,
1980) o que la mente es acción (Kantor, 1971; Costall, 1996).
Esta segmentación se realiza en base a la constatación
de comportamientos o dinámicas distintas en cualidad. Es por
ello que se hacen diferencias entre las ciencias funcionales.
Estas ciencias funcionales
dan cuenta, además, de los movimientos o cambios cuantitativos;
es decir, dan cuenta del aumento o disminución en cualquier dimensión
de medida de los fenòmenos que se estudian. El resultado de ello
es que formulen leyes. La cuantificación, en este caso, adquiere
un caràcter notorio por el grado de precisión explicativa
que se obtiene y que es definitivo en la tarea de explicación
científica y de actuación tecnológica; de hecho,
se asume que una ciencia ha llegado a su máximo nivel cuando
se formulan leyes de los fenòmenos de los que pretende dar cuenta.
Es por ello que hemos hecho notar en el cuadro de referencia ésta
cuantificación, aunque hay que ser consciente que -como hemos
dicho- la cuantificación es un proceder común a todas
las maneras de hacer ciencia.
Por último, estas
ciencias funcionales procuran describir otra dimensión del movimiento:
el que atiende a los cambios en evolución; es decir a la generación,
mantenimiento y desaparición de las formas concretas de movimiento
que estudian.
Ribes (1985) afirmaba
que las ciencias funcionales eran analíticas y generalizantes,
con ello ponía de manifiesto el hecho que cada ciencia funcional
segmenta la naturaleza para atender a a un comportamiento concreto en
sus dimensiones cualitativa, cuantitativa y evolutiva. A partir de esta
segmentación, la ciencia analítica y funcional pretende
establecer principos generales y leyes que sirvan para todo el universo
temático que asume. Esto es así y sirve muy bien a la
diferenciación respecto de las tecnologías que veremos
a continuación.
Ahora bien el calificativo
de "funcional" no asume sólo el carácter dinámico
de lo natural y las segmentaciones que se realizan; asume también
su carácter relacional e interdependiente. La naturaleza es una
y los fenómenos que acontecen en ella están interrelacionados;
no son inconexos. Este es un postulado que asumen todas las ciencias.
En consecuencia, se impone el responder de esta interdependencia que
da cuenta del funcionamiento integrado de todos los comportamientos
o movimientos naturales. En este punto es cuando el concepto de causa
se hace necesario. Causa significa relación de dependencia funcional
y la definición de las causas en el entramado explicativo al
interior de cada ciencia y entre las distintas ciencias es la tarea
fundamental que asumen las ciencias funcionales.
No es el lugar de tratar
del tema de la causalidad. En otro sitio lo hemos hecho en un intento
de definir las dimensiones causales de la psicología (Roca, 1997).
Sin embargo sí cabe el afirmar que en la concepción dinámica
y relacional de la naturaleza reside la posibilidad de explicar; es
decir, de poner de manifiesto el entramado funcional de la naturaleza.
A ello va ligada la posibilidad de generar un conocimiento más
adecuado de lo natural junto al desarrollo de tecnologías eficientes
y ecológicas, en un sentido amplio.